Una pregunta difícil de contestar

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El carisma de un líder es fundamental para que su mensaje perdure en el tiempo y en las instituciones. Esto es algo que podemos ver sin lugar a dudas en Jesús, el hijo de Dios que se hizo hombre y que como tal, fue un líder extraordinariamente carismático. Nuestro fundador, el Padre Kentenich, también poseía un gran carisma, y de esto nos habla hoy el Padre Enrique Grez.

| P. Enrique José Grez P. Enrique José Grez

En el inicio del año académico de una universidad del sur un connotado sociólogo, refiriéndose a las protestas de Venezuela, decía que existe una cierta ley de su ciencia que afirma: "es casi imposible que el carisma de un líder logre cristalizarse en instituciones que perduren en el tiempo".
Y yo me decía a mi mismo: "mi mismo", ¿en qué medida esa afirmación nos toca como Movimiento? A 100 años de la fundación nos encontramos en un buen momento para hacer esta pregunta difícil de contestar y algo incómoda.El especialista daba como uno de los ejemplos paradigmáticos y como la excepción que confirma la regla el de Jesucristo y la Iglesia. Interesante, me decía a "mi mismo". Y es verdad, a Jesucristo podemos verlo desde la óptica de un tremendo carismático. En nuestra perspectiva de fe, lógicamente pensamos que él es más que un carismático, pero no por eso deja de ser un hombre con una gran capacidad de llegar a los corazones, a través de un mensaje sugerente y de acciones que dejaron huella. Todo un líder para su tiempo que condensó en respuestas sencillas las preguntas de su tiempo, y algunas de aquellas cuestiones existenciales del hombre. Pero el tema aquí está en que su carisma lo superó en su espacialidad y temporalidad, trascendió más allá de su siglo y su Galilea natal. El cristianismo se hizo cultura a través de ciertas instituciones eclesiales, como el ministerio pastoral, la Biblia, los sacramentos, la cruz, y tantos otros testimonios simbólicos que hacen que su carisma llegue a nosotros a través de una rica Tradición: Entrega de generación en generación, y adaptada a cada tiempo, de su persona.

¿Qué pasa entonces con nosotros? Podemos esbozar algunas respuestas. De José Kentenich podemos decir que responde a la calidad de un carismático, con una historia peculiar que lo desafía y una originalidad radical que se expresa en su lenguaje, mensaje y gestos. De él nos queda más que recuerdos, hoy podemos decir: toda una cultura de Alianza. Este concepto, relevado a partir de la conferencia de representares del 2009, nos viene a señalar una cierta respuesta: el Padre José Kentenich está vivo en Schoenstatt, en la medida que nuestra Familia tiene un acervo vital y simbólico muy rico y que se ha cristalizado en palabras, ideas, ritos, mitos, símbolos, estética y tantos otros campos.

¿Qué es si no la mismísima Alianza de Amor con María o el Santuario Hogar sino verdaderas instituciones del carisma personal del Fundador de Schoenstatt? La orgánica de las ramas, los estilos de conducción, las atmósferas familiares y marianas que nos son características, y tantas otros aspectos plasmados en formas concretas nos hablan de aquello. Lo mejor es que, tal como ocurre con la Iglesia, esas formas que expresan el carismas, permaneciendo fieles al sentido original, van sufriendo una permanente adaptación que las hace siempre jóvenes. Es estimulante en ese sentido contemplar con ojos de chochera a nuestros pioneros, por ejemplo, y cómo con el paso de los años, siguen siendo hermanos y sucesores de los congregantes. Es el mismo amor el que enciende a unos y otros, lo único es que las banderas han cambiado de color para expresar que el amor se vive de manera original de cara al mundo que a cada generación le tocó vivir.

Esta respuesta no nos deja tranquilos, pero sí nos permite parar a contestar con cierta seguridad y gratitud.

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