Aprended de vuestros mayores

Hace unos días me comunicaban el fallecimiento de una persona conocida, ya de bastante edad y con una dolencia cardíaca. Aparentemente, esta persona, muy conservadora en sus ideas y extremadamente crítica con la situación política y social española, había manifestado repetidamente que, a la vista de esa situación y de la dirección en la que se mueve el mundo, estaba deseando morir. Me acordaba de este hecho desayunando esta mañana con mis suegros, de ochenta y muchos años de edad los dos. El sol de primera hora de la mañana entraba a raudales y, a través de la ventana, se podía ver el verdor del jardín salpicado de las manchas naranjas de una Bignonia en flor. De pronto, un comentario de mi suegro rompió el silencio: "Cuanto mayor soy más disfruto la vida"...

| César Fernández-Quintanilla (España) César Fernández-Quintanilla (España)

... "Pues claro", le contestó su mujer, "viendo ese cielo azul sobre ese fondo verde,... como no se va ser feliz".

La conversación siguió girando un rato por esos derroteros, elaborando sobre la suerte que habían tenido de haber nacido donde habían nacido, haber tenido los padres que habían tenido, haber podido vivir todas las cosas que habían vivido,.... Habiendo llegado al tema de los problemas actuales del mundo, mi suegro manifestó: "Yo ya hice en su día todo lo que estuvo en mi mano para arreglar las cosas; no es cuestión de que ahora me amargue la vida con esos problemas, que en realidad no me afectan a mí. Pero vamos a dejarnos de filosofía barata y vamos a bañarnos, que tenemos que salir a pasear".

Seguramente sus vidas no han sido muy diferentes de la de aquella otra persona que estaba deseando la muerte. Mi suegro, a pesar de ser argentino y haber vivido en España únicamente unos pocos años durante el régimen de Franco, se proclama siempre como "franquista" y recuerda con una gran admiración la labor de dicho dictador en este país. El tampoco comprende, y frecuentemente repudia, la situación actual de nuestra sociedad y del mundo. Pero eso no altera en absoluto su actitud positiva ante la vida. Se asombra admirado ante los avances de la sociedad, desde el internet hasta una nueva autopista o un reluciente rascacielos de cristal. Pero, sobre todo, disfruta de todas las pequeñas cosas que le ofrece la vida: un bonito paisaje, un rico helado de chocolate, una gracia de alguno de sus bisnietos, un banco al sol en un día de invierno.

Las vidas de mis suegros no han sido fáciles. Han tenido que superar enfermedades, dificultades económicas, separaciones matrimoniales (la suya propia, durante 13 años, y las de 3 de sus 5 hijos), desengaños y frustraciones personales,.... La más reciente, tener que abandonar su querido Buenos Aires, sus amistades de toda la vida y su apartamento en el centro, para venirse a vivir con nosotros en una casa desconocida y a miles de kilómetros de todo lo que era suyo. Pero la mente humana tiene una increíble capacidad de mantener vívidos los buenos recuerdos y dejar cubiertos por el polvo del olvido los de experiencias no tan felices.

Ser capaz de superar todas esas adversidades sin quedarse con un cierto poso amargo es, sin lugar a dudas, un gran regalo. Desgraciadamente, y como frecuentemente dice mi suegra, "cada cual es cada cual" y no es fácil transmitir esa actitud positiva de unas personas a otras. Pero creo que todos deberíamos aprender de mis suegros a quedarnos con lo bueno y tratar de olvidar las cosas no tan buenas, de disfrutar con las cosas pequeñas. Esa actitud hace toda la diferencia; entre llegar a la vejez amargado y enfrentado con el mundo o continuar disfrutando de la vida hasta el último día, cuando Dios decida que nuestra labor aquí ha terminado y nos llame a su seno.

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